Necesito que acaben con el aire acondicionado o acabo yo con ellos, pero en plan expeditivo y rematando con un "hasta la vista, baby". Alguien me dijo hace muchos años que yo era Terminator y creo que esta vez estoy a punto de encarnar al personaje. Si es verdad eso que dicen de que la realidad supera a la ficción, aquí la ficción se va a quedar corta.
No es normal estar de los nervios cuatro días después de haber empezado una obra, ¿o sí? La paciencia no es una de mis virtudes, y eso que me desenvuelvo más o menos bien en el caos. Pero una cosa es el yeso y el desorden, y otra la impuntualidad y la desgana. Un día no vienen; otro, vienen un rato y por la tarde se van a un curso. Se suponía que iban a terminar el jueves y hoy, viernes, dos niños tienen a los albañiles bailando a su alrededor, pendientes de que les digan dónde perforar y sin poder avanzar en otros lugares. Y me temo que ni de coña se acaba la instalación hoy. Me jugaría un brazo y la mitad del otro.
Lo dicho: me pongo el disfraz de Chuache y me los cargo. Entre el escombro o bien emparedados, ahora que puedo, pasarían inadvertidos…
viernes, 4 de junio de 2010
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